Los detectores de llama fijos son dispositivos sofisticados diseñados para identificar la presencia de llamas mediante la detección de la energía radiante única que emiten. Comprender su funcionamiento es fundamental para apreciar su papel en los sistemas de seguridad. Principalmente, estos detectores utilizan sensores ópticos sintonizados a longitudes de onda específicas características de las llamas. Las tecnologías más comunes incluyen detectores ultravioleta (UV), infrarrojos (IR), combinados UV/IR y multiespectrales IR.
Los detectores UV funcionan detectando la radiación ultravioleta emitida en el momento de la ignición. Esta radiación suele estar en el rango de 185 a 260 nanómetros. Ofrecen tiempos de respuesta muy rápidos, pero pueden ser susceptibles a falsas alarmas provocadas por fuentes como arcos de soldadura, rayos o lámparas halógenas. Los detectores IR, por otro lado, están diseñados para detectar la radiación infrarroja emitida por los gases calientes producidos durante la combustión, centrándose a menudo en los picos espectrales específicos asociados al CO2. Son menos propensos a falsas alarmas por soldadura o luz solar en comparación con los detectores UV, pero pueden tener tiempos de respuesta más lentos o activarse por otras fuentes de calor.
Para mejorar la fiabilidad y reducir las falsas alarmas, se desarrollaron detectores combinados como los UV/IR o los IR multiespectrales. Los detectores UV/IR requieren la presencia simultánea de señales de radiación UV e IR compatibles con una llama para activar la alarma. Los detectores IR multiespectrales analizan múltiples longitudes de onda IR específicas y comparan sus proporciones y patrones con las características conocidas de la llama y las frecuencias de parpadeo. Este análisis sofisticado les permite discriminar eficazmente entre incendios reales y diversas fuentes de falsas alarmas, lo que los convierte en detectores de llama fijos de alta fiabilidad para aplicaciones industriales exigentes.
